La factura de la luz tiene dos grandes bloques de coste: el término de energía, que depende de cuánto consumes, y el término de potencia, que pagas por el simple hecho de tener suministro disponible, independientemente de si enciendes o no un solo interruptor. En 2026, con los peajes de acceso a la red subiendo de forma sostenida, este segundo bloque pesa cada vez más en la factura final de millones de hogares. Y el problema es que la potencia contratada en muchas viviendas españolas está sobredimensionada respecto a las necesidades reales: una herencia de instalaciones antiguas, recomendaciones bancarias en el momento de la hipoteca o simples inercias administrativas que nadie ha revisado en años. Entender cómo funciona el término de potencia y cómo ajustarlo puede suponer un ahorro real y recurrente en cada factura.
Qué es la potencia contratada y cómo se refleja en tu factura
La potencia eléctrica contratada es la cantidad máxima de energía que puedes demandar de la red en un instante dado, medida en kilovatios (kW). Es el equivalente al caudal máximo de agua que puede circular por una tubería: si tienes contratados 5,75 kW y en un momento puntual intentas consumir más, el interruptor de control de potencia (ICP) salta y corta el suministro hasta que reduces la demanda. La potencia que contratas no tiene nada que ver con cuánta energía usas a lo largo del mes: es una reserva de capacidad que pagas por tener disponible.
En la tarifa doméstica estándar (2.0TD), el término de potencia se factura en dos tramos diferenciados desde la reforma regulatoria de junio de 2021. La potencia en el periodo punta (P1) y en el periodo llano (P2) tienen precios diferentes, y ambos se cobran en función de los kilovatios contratados y de las horas del periodo tarifario. En 2026, con los peajes de acceso incrementados respecto al año anterior, el peso del término de potencia en la factura de un hogar medio puede representar entre el 25 y el 40 % del total, dependiendo del perfil de consumo y del nivel de potencia contratada. La CNMC publica en su portal las resoluciones de peajes que permiten verificar la evolución de estos precios regulados.
La potencia disponible para los hogares residenciales en la tarifa 2.0TD puede contratarse en valores escalonados que van desde los 1,15 kW hasta los 10 kW, en incrementos predefinidos: 1,15 / 2,3 / 3,45 / 4,6 / 5,75 / 6,9 / 8,05 / 9,2 / 10,35 kW. Subir o bajar de escalón tiene un coste administrativo y, en algunos casos, puede requerir la revisión de la instalación interior por un instalador autorizado para verificar que la protección existente es adecuada para la nueva potencia contratada. Sin embargo, el coste de la modificación se recupera en pocos meses si el ajuste es correcto.
Cómo calcular la potencia que realmente necesitas
El cálculo de la potencia necesaria para un hogar parte de identificar qué aparatos pueden funcionar simultáneamente y sumar sus consumos máximos. Los electrodomésticos con mayor demanda instantánea son el horno eléctrico (2-3,5 kW), la vitrocerámica (3-7 kW si tiene varios fuegos a potencia máxima), el aire acondicionado (1,5-3,5 kW dependiendo del tamaño), la secadora (2-2,5 kW), la lavadora (2-2,5 kW en ciclos calientes), el lavavajillas (2-2,5 kW), el termo eléctrico (1,5-3 kW) y el cargador de vehículo eléctrico en modo lento (3,7 kW) o rápido (7,4 kW en monofásico). La clave no es sumar todos, sino estimar cuántos de esos aparatos funcionan realmente al mismo tiempo en tu hogar.
Un hogar de dos personas que cocina con vitrocerámica, tiene aire acondicionado y carga el vehículo eléctrico raramente tendrá todos esos aparatos funcionando simultáneamente a plena potencia. Si la vitrocerámica está al máximo (5 kW), el aire encendido (1,8 kW) y la lavadora en marcha (1,5 kW), el consumo simultáneo es de unos 8,3 kW. Con 10 kW contratados habría margen. Pero si ese mismo hogar nunca usa el horno y el cargador del coche a la vez que la vitrocerámica, 6,9 kW pueden ser suficientes, con un ahorro de varios euros al mes en el término fijo de potencia. Para hogares sin vehículo eléctrico y con cocina de gas, la potencia necesaria raramente supera los 4,6 o 5,75 kW.
Existe un indicador práctico que muchos técnicos recomiendan: si el ICP nunca te ha saltado en los últimos doce meses, probablemente tienes potencia de sobra. Si salta de forma muy puntual y solo en situaciones concretas muy excepcionales, podrías estar en el límite correcto. Si salta con cierta frecuencia en situaciones cotidianas, estás en el escalón justo por debajo de lo que necesitas. El historial de consumo de tu contrato, que puedes consultar en el área de cliente de tu distribuidora o comercializadora, también puede revelar si alguna vez has superado el umbral de tu potencia contratada actual.
El ICP y las protecciones: qué revisar antes de bajar potencia
El Interruptor de Control de Potencia (ICP) es el dispositivo que limita físicamente la demanda máxima en el contador. Cuando la demanda instantánea supera el valor contratado durante un tiempo mínimo, el ICP corta el suministro. Volver a poner la luz es tan sencillo como bajar y subir el interruptor en el cuadro eléctrico, pero el corte puede ser molesto si ocurre en mitad de una cocción o durante el uso de equipos sensibles. Con los contadores inteligentes de telegestión desplegados masivamente en España, el ICP es ahora software en muchos hogares: la limitación se aplica de forma remota desde la distribuidora, sin necesidad de un dispositivo físico independiente.
Antes de solicitar una bajada de potencia, conviene revisar el cuadro eléctrico del hogar. El calibre de los fusibles o diferenciales de protección en el cuadro debe estar dimensionado para la potencia que se va a contratar: si el fusible general es de 25 amperios (equivalente a unos 5,75 kW en monofásico), no tiene sentido contratar 6,9 kW porque el cuadro limitaría de todas formas. Un instalador eléctrico autorizado puede verificar en poco tiempo si la instalación es compatible con el cambio previsto. Si el cuadro necesita actualización, el coste puede neutralizar el ahorro a corto plazo, aunque a largo plazo la inversión en un cuadro moderno tiene beneficios adicionales más allá del ajuste de potencia.
Para subir la potencia, el proceso es igualmente sencillo en la mayoría de casos: basta con solicitarlo a la comercializadora, que lo tramita con la distribuidora. Si la subida es importante (por ejemplo, pasar de 3,45 a 9,2 kW), puede ser necesario que un instalador certifique que la instalación interior soporta la nueva potencia. Para las subidas moderadas dentro del mismo rango de tensión monofásica, el trámite suele resolverse en pocos días sin ninguna intervención técnica en el domicilio.
Cómo tramitar el cambio y cuánto cuesta
El cambio de potencia contratada se solicita directamente a la comercializadora con la que tienes el contrato de suministro, que lo gestiona con la empresa distribuidora de tu zona (Endesa Distribución, Iberdrola Distribución, Naturgy, E-distribución u otras distribuidoras locales según la comunidad autónoma). El plazo de gestión habitual es de entre 5 y 15 días hábiles. No es necesario que se persone ningún técnico en casa si el contador ya es inteligente y el cambio no requiere modificaciones en la instalación interior.
El coste del trámite varía según la distribuidora y el tipo de cambio. La CNMC fija los derechos de acometida y de extensión, pero los derechos de acceso para modificaciones de potencia tienen tarifas reguladas que en 2026 oscilan habitualmente entre 10 y 50 euros para modificaciones dentro del mismo rango de tensión monofásica. En algunos casos, la comercializadora cobra también un pequeño coste administrativo. La información exacta está disponible en la página web de tu distribuidora o solicitándola a tu comercializadora antes de iniciar el trámite.
Una vez realizado el cambio, el ahorro se empieza a reflejar en la siguiente factura. Si has bajado de 5,75 kW a 4,6 kW, el ahorro mensual en el término de potencia puede estar en el rango de 3-8 euros al mes dependiendo de los peajes vigentes, lo que equivale a entre 36 y 96 euros anuales de ahorro recurrente sin necesidad de cambiar ningún hábito de consumo. Multiplicado por los años que permanezca ese contrato, el impacto económico acumulado es significativo.
Accede a nuestro comparador de tarifas de luz para revisar si tu tarifa actual sigue siendo la más adecuada para tu consumo y tu potencia contratada. Es una revisión que conviene hacer al menos una vez al año.